Diario del silencio. Hoja #6: “Y en el fin del mundo te encontré…”

 

 

DIARIO DEL SILENCIO
Hoja #6: Y en el fin del mundo… te encontré.

Desde mi cárcel, desde este mundo que cree en base a la soledad, el silencio y el dolor; he observado por años enteros ángeles y seres de luz, inclusive seres de obscuridad.

  Desde mi mundo, entre llanto, gritos y sangre, he sido testigo de las burlas por mi condición, de mi personalidad, de mi existencia.
Lo único que hacía era cerrar los ojos y encerrarme en mis pensamientos… así, ellos se alejaban, me dejaban en paz…

 

  Desde mi soledad, a veces alzaba la mirada el cielo… Tan brillante, tan lleno de paz, tan vivo. Me alzaba y levantaba las manos intentando alcanzar ese mundo tan bello.
A veces, bellos seres bajaban su mirada y me observaban. Con una dulce sonrisa se acercaban a mí, extendiendo la mano me invitaban a su mundo… a ese mundo del que siempre he sentido curiosidad.

Así, he tenido la “suerte” de conocer seres tan “bellos”: un ángel que en mi infancia se convirtió en mi mejor amigo pero que alzó el vuelo arrancándome las alas y dejándome en la obscuridad; un ángel tan fuerte que me dejó en la orilla del abismo con un puñal clavado en el corazón; un ángel asesino que me enseño que la distancia es dolorosa; un ángel de alas negras que no supe amar por más que intentaba hacerlo; un ángel tan puro que me dio miedo manchar…

 

  Los demonios de mi cabeza, esas voces que constantemente me repetían mis miedos, me hundían día con día en el abismo, en el olvido… la soledad se convirtió en mi eterno amante, un amante celoso…

Muros y muros construí, muros y muros a mi alrededor me escondían de esa luz que en el cielo se expandía.
Mis lágrimas se mezclaron con mi sangre. Mis ojos cerrados los mantenía; el miedo se apoderaba de mi cuerpo, pero la ira y el odio convirtieron mi corazón en roca, duro y frío. Mientras que mi alma solo reía… la locura era la salida…

 

  Una tarde, tumbada en un rincón de mi cárcel, escuche una voz que me pedía voltear… Observé hacia el cielo, pero no encontré al dueño. Busque abajo, la obscuridad me impedía ver. Busque a mi nivel, en mi mundo… y ahí estaba…
Entre mi mundo, entre esos muros, entre mis ríos de lágrimas y sangre, una luz tan intensa podía divisar…

Su voz tan dulce fue mi guía, y con miedo avancé hasta encontrarme a un ser tan obscuro como yo, pero tan bello como una estrella en el firmamento.

 

  Me recibió con una sonrisa, una sonrisa que me hizo temblar, no de miedo, sino de curiosidad. Extendió su mano y me invitó a acompañarlo a beber una copa de un líquido de color rojo…

El ser me observaba, bebía y después hablaba… Su voz, esa voz que me despertó de mi letargo, era tan dulce y seductora.

Me atreví a observarlo… a observarla… mi curiosidad me había llevado ante un ser de obscuridad de eterna belleza, una vampira, una reina vampira.

 

  Su piel tan blanca como una perla, sus cabellos tan negros como la noche que me envolvía con cariño, su mirada tan profunda, su voz tan seductora, su presencia tan imponente, su sonrisa tan dulce… sus labios rojos y su porte tan bello… Un ser perfecto se había “fijado” en mi, un ser impuro, deforme y lleno de cicatrices.

 

  Una noche, después de acompañarla a su “caza habitual”, se acercó a mí… me abrazó y me mormuró al oído:

  -“Nos conocimos casi en el fin del mundo, al menos del mundo que hasta el momento soportábamos”- me alejó y observé sus ojos

-“Lo único que digo es: ¡Maldita sea! por que tal vez no tengamos demasiado tiempo para disfrutarnos y estar juntas”-

  Un silencio se apoderó de nosotras. Su mirada se clavó en la mía…
Sonreí y alcé el rostro para besar su mejilla…

Sus brazos rodearon mi cuerpo… podía sentir mi corazón… sentía su corazón…

  -“Pero me alegro por haberte encontrado al final, y darme cuenta que en realidad estabas aquí esperando por mi para poder enfrentarnos al mundo”- lo dijo en un suspiro profundo.

 

  Somos dos seres totalmente diferentes. Uno bello y uno deforme. Una vampira y una sombra… pero aun así nos tomamos de la mano y caminamos juntas.

Deseo que el camino sea largo, deseo estar a su lado. Tu luz es mi razón de existir.

Un ser de obscuridad tan bello pero malvado, sonríe y me abraza… a mi, un ser tan deforme y débil.

Matta Ne!

Baka Neko-chan aka Dione Himura

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